Revista

No es humano. Luis Eduardo García

 

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NO ES HUMANO (FRAGMENTOS DISPERSOS)

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En días pasados, a raíz de ver la espléndida It Follows (David Robert Mitchell, 2014) volvieron a mí algunas cuestiones que ya habían revoloteado en mi cabeza con anterioridad, varias de ellas relacionadas con la manera en que digerimos y pensamos ciertos géneros cinematográficos, como por ejemplo el cine de acción y terror. Tal vez me equivoque, pero tengo la impresión de que hay ciertos géneros considerados menores con relación a otros, tal vez debido a que se les suele ver como productos construidos a partir de meros intereses comerciales, repetitivos en sus fórmulas y orientados al simple entretenimiento;  son distinguidos, por así decirlo, como el lado menos “artístico” del cine. El buen cine, parecen pensar algunos, es el de los grandes temas, el que muestra la dimensión humana en toda su potencia trágica, el de la belleza terrible capaz de sobrecogernos; otros, más  modestos, alegan que es el que refleja con sencillez el simple devenir de la vida, la realidad cruel pero hermosa que nos abraza. En otras palabras, el buen cine es edificado con maestría por directores geniales que inyectan a su trabajo con la densidad y el estilo suficientes para que sus obras jamás se pierdan en la homogeneidad de lo común, y se mueve, por lo general, en los terrenos de lo dramático o lo solemne. Puede ser. ¿Pero qué pasa entonces con el cine que no bebe de la realidad y su drama inherente, con aquel que parte de lo fantástico para negar el mundo tal como es? ¿Es justo o injusto subestimarlo? ¿Cuántas veces hemos leído o escuchado la frase “es una buena película de terror”, quizá dando a entender que fuera del género ese adjetivo no podría sostenerse? La distinción, como lo comenté líneas arriba, posiblemente tenga que ver con las particularidades y estereotipos de los géneros. Sospecho que el cine de terror, por ejemplo, suele requerir de una especie de condescendencia de parte de los espectadores, o mejor dicho, su naturaleza abiertamente ficcional implica, de entrada, una disposición distinta al encararlo. Se sabe que lo que vemos no podría ser real (salvo contadas excepciones) y, por lo tanto el juicio responde no a una verosimilitud hacia el exterior, sino hacia el interior. Me explico: es normal pasar por alto que a pesar de no correr, Michael Myers siempre termine por alcanzar a Laurie, porque sabemos que lo que estamos viendo no tiene que corresponder con la realidad; sin embargo, algo similar en el contexto de una película dramática podría ser suficiente para que perdiera toda credibilidad y, por lo tanto, el interés de quien la mira. Las películas de terror intentan proponer su propio mundo y sus propias reglas y a partir de ahí construir su coherencia y sus tensiones. En cambio, las películas que buscan funcionar emulando la causalidad de la realidad, son medidas sólo con relación a ella. Por otra parte, podría decirse que el género de terror suele ser menos estricto con sus filtros de calidad que otros (tal vez porque se toma menos en serio a sí mismo, lo cual es digno de agradecer)  lo que se refleja en una cantidad impresionante de películas infames año con año. Sin embargo, lo que busco aquí es pensar si en verdad hay una distinción insalvable entre las películas de diversos géneros. ¿Hay un tope de calidad al que las películas de terror no pueden llegar o es posible que puedan colocarse como “buenas películas” a secas, a la misma altura que cualquier otra? Estoy seguro de que pueden, con sus tics y su carácter, sin renunciar a nada.  Tengo quince argumentos (podrían ser cincuenta, pero sería tedioso): The Birds, Rosemary’s Baby, The Exorcist, The Texas Chain Saw Massacre, Halloween, The Shining, American Werewolf in London, Evil Dead II, Ôdishon, Haute tensión, The Descent, The Hills Have Eyes, Låt den rätte komma in, It Follows, The Babadook.   Creo que dichas películas logran fabricar no sólo ambientes, sino mundos admirablemente articulados en los que cada elemento ha sido cuidadosamente planeado; todas presentan múltiples puntos fuertes en aspectos en los que las películas de terror suelen más bien ser flojas o despreocupadas. Funcionan al nivel de su género, con los rasgos que lo caracterizan, pero a la vez están en una dimensión distinta; son singulares. Un buen ejemplo de lo anterior es precisamente la causante de estas líneas: It Follows.

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Un bello y –aparentemente– tranquilo suburbio norteamericano en otoño. Casas y autos impecables golpeados por una luz azulada que sugiere el término del día. Decenas de árboles. Una joven visiblemente atemorizada sale corriendo de su casa y se detiene a unos cuantos metros. Mira fijamente hacia un punto cercano mientras retrocede y luego comienza a correr de nuevo. Se aleja y da un rodeo hasta entrar otra vez a la casa. En segundos sale con su bolso en la mano. Sigue corriendo al tiempo que voltea hacia la zona donde estaba parada en un inicio; algo que sólo ella puede ver la amenaza. Sube al coche y lo enciende. Es de noche. Conduce a gran velocidad con la certeza de ser perseguida. De pronto la vemos en una playa desierta iluminada únicamente por los faros del auto. Le llama a su padre para decirle que lo quiere.

No será la protagonista de la historia.

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01:26:29,354 –> 01:26:31,607

Acaba de entrar a la

habitación, está ahí.

 

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01:26:31,648 –> 01:26:32,274

¿Está aquí?

 

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01:26:32,815 –> 01:26:34,068

Justo ahí.

 

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01:26:34,359 –> 01:26:37,237

Jay, ¿qué ves?

 

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01:26:37,905 –> 01:26:39,448

No quiero decirles.

 

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01:26:40,156 –> 01:26:42,408

Jay, necesito que la señales

¿de acuerdo?

 

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01:26:42,785 –> 01:26:45,244

Apunta con tu dedo

para saber dónde está.

 

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01:26:49,833 –> 01:26:51,376

¿Está entrando al agua?

 

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01:26:54,004 –> 01:26:56,215

Sólo está parada ahí, mirándome.

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It Follows parece, de inicio, un slasher más. Hay sexo, un grupo de jóvenes desamparados por el mundo adulto, una bella protagonista y un asesino sanguinario. Sin embargo, rápido queda al descubierto que It Follows es algo aparte, una mezcla que elige jugar con algunos tópicos del cine de terror, mientras omite otros.  La sangre brilla por su ausencia; en ningún momento Mitchell necesita recurrir a ella para aumentar la sorpresa o la incomodidad del espectador (no hay sierras, cuchillos o hachas). Luego, el aspecto de aquello que amenaza, tan importante algunas películas (tan sólo pensemos en Jason Vorhees, Freddy Krueger o Leatherface), queda en segundo plano. Del mismo modo, el pulso sexual y su realización, casi invariablemente intercambiados por castigo y sufrimiento inmediatos, funciona aquí como maldición, sí, pero en un orden inverso al habitual: el que quiera salvarse de la muerte tendrá que fornicar.

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¿TODO ESTO ES SOBRE LA CULPA Y LOS PROTESTANTES?

Si penetras

o te abren

Dios

(que es un himen luminoso)

te taladrará también.

Va a partirte en dos (¿no lees La Biblia?).

Tu última imagen:

el rostro de tus seres amados

molestos

o una piscina con todas las “desfloraciones” del mundo.

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La película sucede dentro de las fotografías de Gregory Crewdson, que a su vez ocurren dentro de los sueños con un filtro azul del fantasma de Edward Hopper extraviado en Detroit.

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La enorme tensión que It Follows logra mantener de principio a fin es sostenida, creo yo, principalmente por cuatro elementos, el encuadre, la música, el tratamiento de “la cosa maligna” y el ritmo. A diferencia de películas como Aliens, Jaws e incluso American Werewolf in London, que deciden acertadamente mostrar muy poco al espectador, para así aumentar su angustia, Mitchell apuesta por exponer; lo terrible está ahí, en el mismo cuadro que todos y cuando no lo está, todo sugiere que puede aparecer en cualquier momento (las largas tomas de planos abiertos funcionan a la perfección), sin aspavientos, lento, sin los sustos facilones tan manidos. Tan sólo la primera escena de la película es un plano secuencia que captura de manera formidable el carácter y la fuerza de toda la película en sólo dos minutos.

Hermosa como es, la fotografía de It Follows no es ajena al terror, así como la belleza de algunos de sus pasajes musicales guarda dentro de sí algunas deformaciones que luego se harán evidentes, al transformarse, cual si hubiera sido atacada por un virus, en ruidos, chillidos y percusiones. Sí, lo auditivo es uno de los fuertes de la película. Lejos de recurrir a sonidos repentinos para generar picos de estrés, la música trabaja todo lentamente. Un berbiquí. Bebiendo de películas como Psycho y Halloween –especialmente de esta última–, los perturbadores sintetizadores de Disasterpeace refuerzan con gran tino la dimensión de lo visual, ayudando a construir atmósferas notablemente angustiantes.

 Todo lo anterior sin duda no podría ser tan efectivo sin un tratamiento adecuado de eso terrible que amenaza. ¿Qué sabemos? Muy poco. Que eso mata, que no es humano, que no tiene forma definida, que no se detiene. Con eso basta; cualquier explicación le restaría fuerza. Aquello que no podemos definir siempre será más seductor.

Por último, el ritmo me parece uno de los aspectos más destacados de la película. Siendo una obra con guiños al cine contemplativo, es sobresaliente que jamás parezca lenta o tediosa. El director equilibra estupendamente la quietud con el vértigo; sabe en qué momento debe ser delicado y calmo (tensándolo todo) y en qué momento tiene que acelerar mostrando el filo. It Follows es un sube y baja calculado con frialdad.

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La nueva sífilis te sigue. Puede romperte las piernas y la cara, puede parecerse a tu padre.

Si escuchas sintetizadores oscuros como sierras, debes moverte, correr, tener sexo con alguien a quien odies.

 

 

 

Luis Eduardo García nació en Guadalajara en 1984. Es autor de los libros Dos estudios a partir de la descomposición de Marcus Rothkowitz (FETA, 2012) e Instrucciones para destruir mantarrayas (Filodecaballos, 2013). Este año el sello editorial Palacio de la fatalidad publicará Sentencias sobre arte conceptual (versión con bacterias), texto tuneado a partir de Sol LeWitt. Es un gran jugador de Counter Strike.
Mantiene el blog http://pajaroslanzallamas.blogspot.mx/

 

 

 


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