Revista

James Tate. En el tendedero

 

En el tendedero

 

Millie estaba en el patio trasero tendiendo la

ropa. Yo la veía desde la ventana de la

cocina. ¿Por qué encuentro tanto placer en esto?

Porque la amo de mil formas, y porque

amo la idea de la ropa lavada agitándose

en el viento. Es atemporal, un nuevo comienzo, una

promesa del mañana. ¡Pinzas para tender! Dios, amo

las pinzas para tender. Deberíamos aprovisionarnos de ellas.

Algún día podrían dejar de hacerlas y, ¿entonces qué?

Si fuera un pintor, pintaría a Millie tendiendo

la ropa. Esa sería una pintura que

te haría feliz, y te rompería el corazón.

Nunca te imaginarías que es lo que pasa por su mente, grandes

pensamientos, pequeños pensamientos, ningún pensamiento. ¿Acaso

vio al halcón dando círculos por encima de su cabeza? ¿Acaso

odia tender la ropa? ¿Se iba a escapar

con un marinero? Las sábanas ondeando como velas

de un antiguo esquife, los calcetines diciendo adiós.

Millie, oh Millie, ¿te acuerdas de mí? El hombre

que viajó con pañuelos de tela y te amó

en la gran tormenta.

 

 

 

Traducción: David H. Pérez

 

 

 


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