Revista

Tres cartas a Navarro de Ana Cristina César

 

MARTELOS AGALOPADOS

 

Tres cartas a Navarro de Ana Cristina César  

 

 

1.

Navarro,

Te dejo mis textos póstumos. Sólo te pido esto: ¡no permitas que digan que son productos de una mente enfermiza! Puedo tolerar todo menos ese obscurantismo biografílico. Unas ratotas esos psicólogos de la literatura ―roen lo que encuentran con lo afilado y rancio de sus analogías baratas. Ya basta lo que hicieran a Pessoa. Falta, una vez más, una nueva generación que sepa escuchar el vociferar los signos.

R.

 

 

2.

Navarro,

La animalidad de los signos me inquieta. Versos a galope descienden alamedas para pisotearme el alma o aletean entre palomas pardas de noche. Llenan el baño, perturban a los inquilinos, escapan por las grietas en forma de lombrices. ¡Oh melancólica impertinencia de las metáforas! Tengo pena de mi misma, pena torpe de animales afligidos. Al animarlos me doblo sobre la pluma y lloro. Mis oídos vomitan ritmos, lágrimas, obedezco. Tengo miedo de decir que la forma de las letras oculta amor, deseo, y tu esquiva persona alrededor de mí.

R.

 

 

3.

Navarro,

Hoy produje un personaje que me ya me alivia las ansiedades del silencio. Dudo aún sobre el sexo y la edad que le daré. Pero no tengo de que preocuparme: esas cuestiones ya fueron debidamente resueltas por Orlando. Temo apenas por su futuro: sueña crear páginas inmortales pero se tortura en la improductividad. Temo que también este problema haya sido superado por la grandiosa Woolf. ¡Quién diría, aquí voy incurriendo en el delito de exaltación de Personalidades! Desde que leí a Pessoa aunque no me deja el tiro salir por la culata. ¡Cállate, que escucho la puerta! Eran los viejos que volvían a la tienda celeste. Sin ellos Dios se sentiría huérfano, con ellos tengo la certeza se siente divino. Te hablaba del personaje relegado a quien ya le conferí familia. Pues me parece que aprecia el mar y las cuevas, principalmente los moluscos retorciéndose en sus abrigos. Cree imitarlos en papeles, pero no encuentra un puente entre tales seres y tales formas. Tal ser tal forma, ya decía mi tía a quien amaba aunque espejos solícitos me desmintieron en un parpadeo. La figura de una tía amada es no obstante aún mayor que la desesperación de las evidencias… Que vengan a mí los collages y sus delirios. O los niñitos, cuyas miradas me enternecen los tímpanos exhaustos. Te hablaba de vísceras. Guarda este secreto; esta secreción. No,

R.

 

 

Luego de su muerte, entre los papeles y borradores de Ana Cristina César se encontraron estas tres cartas escritas por R. a Navarro: un ejercicio de ficción, heterónimos y voces a lo Fernando Pessoa.

 

 

 

Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

 

 

 


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