Revista

Agustín Villalpando. El filo del tiempo

 

El filo del tiempo

 

I

 

Llevo semanas siendo

un nómada involuntario,

los días se han vuelto

pesados

y lentos.

 

“¿El mundo se congela mientras duermes?”

me pregunto cuando

estiro los brazos.

 

Charlé con Phytia,

una esteatita gigante.

Se quejó del polen,

los insectos  y

los buitres que le generan comezón.

Me contó un poco

del pasado,

bailaba en las noches

con otras piedras:

granitos,

filitas,

sílices

y cuarzos.

“El mañana es una trampa,

un hoyo negro, una maraña

que se espesa en un árbol,

el presente una metáfora sofista.”

 

II

 

En la noche seguí

la luz de Orión,

me enredé en la neblina

y caí a un río,

nadé hasta la orilla,

pero la corriente

me dobló los brazos,

la angustia me llevaba

a la superficie  y volvía a caer.

 

Una urraca me despertó

al picarme  la nariz,

un cielo nublado ahuyentaba

el simulacro del sol,

caminé  medio día

y me senté debajo de un ciprés.

 

“Los silencios son pulcros

con pan y vino”,

era el viejo de Atenas,

venía con sus perros

y grandes cántaros.

Le conté de mi aventura

y que casi

pierdo la vida,

éste reía y partía el pan,

daba un trago y

se tocaba el ombligo.

 

III

 

El canto del gallo

trajo un nuevo día.

Posaba  mis manos en el fogón

y el viejo gritó:

“¡no tenemos todo el día!”

 

Partimos al río,

pescamos unas horas,

después prendimos la fogata,

las escamas saltaban

de las brasas.

Una delicia, sólo

faltó el vino.

 

“Es insoportable esto” le dije.

“Sí, hace falta vino” contestó.

“No, me refiero a este largo silencio,

este insoportable aburrimiento,

ese que moja las rocas y no se las lleva” insistí,

el viejo me vio a los ojos y

escupió las escamas.

“Muchacho,

no juegues a eso,

el tiempo es una espada muy filosa,

siempre lo he dicho:

y sí, los silencios son pulcros con pan y vino,

calla y mejor traga” concluyó.

 

IV

 

En mi sueño

me veo mirando a Orión,

dos estrellas chocan

y parten el cielo,

ese estruendo me despierta.

 

Abrí los ojos,

nada especial,

los perros seguían

moviendo la cola.

 

 

 

Agustín Villalpando nació en León en 1991.

 

 

 


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