Revista

Iveth Luna Flores. Comunidad Terapéutica

 

Comunidad Terapéutica

 

I.

Primero el grito y luego callan:

fugas, punto de escape

cuarto de contención.

 

Me volví la piedra

la mano que arroja la piedra

el golpe y la cara.

 

Nubes, paredes blancas

rebotando en el ruido.

 

Decir manicomio es querer decir

delincuencia organizada

en primer grado de secundaria.

 

El sonido que hace la excavadora

posee cierta melodía.

Quienes avientan la tierra al aire

no ven ningún problema.

 

Mi madre no tejió una bufanda

ni unas calcetas rosadas.

 

Ella tejió para mí

una camisita de fuerza

talla recién nacida.

 

Por eso decir vigilancia es decir manicomio

ni todas las enfermeras ni los guardias

ni todo el amor del mundo podría

depositarse en una lágrima de leche materna.

 

Decir manicomio es comer sanamente

acompáñame a comer en silencio

y escribe los poemas médicos que hablan sobre mí.

 

La enfermera lee en voz alta el reporte:

La paciente se negó a consumir alimentos

se le ha escuchado llorando en su habitación

se le ha visto llorando en la sala

se le ha visto sentada en un rincón

dentro de la regadera.

 

La enfermera sigue recitando el poema sobre lo que hizo

y no hizo la paciente.

 

La grúa está llevándose el coche

con todos tus traumas.

 

Yo estuve frente al espejo de la cámara de Gesell

y miré observar a los estudiantes de Medicina

los observé mirar cómo yo miraba.

 

Detrás del espejo intentan hallar

un cuadro clínico;

aprenden características

memorizan gestos

dan lectura a la depresión

leen el edificio

alturas, ruinas

ventanas desde donde quise arrojarme.

 

Entonces cámara de Gesell

e intentan entrar, diseccionarme

y los dejo pasar a mi casa

les sirvo té mientras conversamos

en la sala de estar

observan los muebles

las pinturas y exclaman:

oh, qué paisaje tan bello

es tan abstracta esa idea

tienes demasiadas fotografías de tus padres

por toda la habitación.

 

Me recuesto sobre mi cama y preguntan:

¿has tenido orgasmos?

 

Yo les sirvo más té

y pregunto, queridos terapeutas

estimados terapeutas

¿qué tal preparo el té?

 

Reímos y reímos

pero mi taza ha permanecido todo este tiempo vacía

porque en esta charla donde analizan

la arquitectura de mi casa

mi establo de animales salvajes

mis esculturas deformes

mis rasgos genuinos que más que genuinos

definen como paternales

la paciente soy yo.

 

Sé buena

sé buena anfitriona

están violando mi mente pero es una simulación.

 

Cada pregunta jala el gatillo

y cada respuesta dispara.

 

Dije lo mismo pero siempre hago lo mismo.

 

Terapia de emociones

tengo una última pregunta, doctor:

¿en qué lugar de mi mente sepulté a mi mascota?

 

No necesito una respuesta contundente

no necesito nada.

 

 

 

Iveth Luna Flores (1988). Este texto es un adelanto de su primer libro, ganador del premio Cervantes en el 2016, que pronto será editado en Tierra Adentro.

 

 

 


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