Revista

León Plascencia Ñol. De Atenas 317

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el ruido que insiste en mi cabeza es una partitura,

desde luego,

un poco ronca, como un caballo asustado,

pero,

lo más evidente es la circunstancia de donde

proviene

ese ruido que fragmenta el pensamiento.

viene

de no saber estar en el mundo

parado

en una simple mesa de madera con barniz,

para

ahuyentar esos pocos demonios mestizos

que

tienen nombres extraños y quieren ser legión,

aunque

hablen en lenguas extranjeras yo los comprendo

de a poco,

porque la sensación de mordedura y evisceración

es como

pelear con un sable sin filo contra esa suciedad blanca,

que agota

sólo de nombrarla, aunque sea en susurros.

 

 

 


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