Aleqs Garrigóz. No vivíamos en un mundo de fantasía

 

Desenvaina la espada

Para amar es necesaria la torpeza del mundo. ¿No es acaso
cuando las guillotinas resplandecen cuando las estrellas se admiran al espejo?

El control es: entregar a tus hijos a la muerte
y a los lobos esparcidos por todo el bosque del juego.

Para leer es necesario un cansancio propicio ahora.
El adolescente salió a la calle con los cabellos levantados
a desperdigar su razón de advertir el error en los ojos del padre.
Pero la policía ya venía y no perdonó                                                                                                                                                                           ni al niño en el vientre de la mujer más pobre que eras tú.

 

No vivíamos en un mundo de fantasía

Amo el caldero que dio la proporción,
la nota asegurada ante el ordenador del miedo.

Sí: el bufón también decía no. y no perdonaba al rey.
Todo el pueblo ardía, por sus comezones.
Y debajo de los pantalones y las faldas había niños.
¡Hay que castigarlos!

Todos serán así desperdigados.
Serán la aproximación a una leyenda
con que proveerás de obligación a tu hijo.

 

Me gustaría, por una vez

Bebe tu sopa. Pero antes mata a la abuela en los ojos cerrados,
maldiciendo también el momento en que tu padre salvajemente
te concibió sin permiso.

Así es la vida, hombre: eres un niño; y cuando menos lo esperas,
los trenes ya no existen.

Bailas el rock para consolarte. Y ver a un íncubo
aparecer teatralmente envuelto en un densísimo vapor,
rosado como tus secretos cosméticos.

No es aquí donde las catedrales sucumben.                                                                                                                                                      ¿Será en el evanescente recuerdo de la mascota muerta
otra vez lo mismo?

 

La mala educación

La agorafobia se supera asesinando a todos en la explanada.
Eso pensaba un cierto crítico de la historia reciente.
Mas no lo sabes.

Bla-bla-bla-bla, bla-bla-bla-bla-bla: frente a las pizarras.
Todo es ejercicio. Y las hormigas no gozarían este lonche,
que sólo es un pan cortado
y una delgadísima capa de futuro,
transparente como tu odio.

 

 

 

Imagen: A. Kubin

 

 

 

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