Daniel Rojas Pachas. East Hastings es una herida venérea en la mejilla de una joven modelo.

 

East Hastings es una herida venérea en la mejilla de una joven modelo

 

Ya lo mencioné en otra presentación, creo que en Guanajuato. Eduardo Padilla es un narrador encubierto. Hotel Hastings (Cinosargo, 2018) es una historia de formación, podríamos decir un viaje que relata poéticamente el fracaso de Ed. El poemario es un juego dedicado a la memoria y a la distorsión de los momentos, porque como dice una cita inicial: «Cuando la memoria no es fiel, soy un feliz cornudo» y pienso a propósito de ello, en el final de The catcher in the rye en que Holden Caulfield dice algo así, que seguro voy a parafrasear mal: cuando empiezas a extrañar a todos, los recuerdas y descubres que en el fondo no eran tan malos. Considero que esa premisa cruza el libro de Eduardo Padilla, porque cada poema nos va presentando una serie de esperpentos, partiendo por el lugar que es un personaje más, el hotel mausoleo repleto de fantasmas. También están los amigos yonquis, el jefe que es un armario repleto de mierda obsoleta, el tipejo ese que era su colega, en el peor trabajo del universo y que era tan subnormal que le permitía a Ed al menos por unas horas no ser el blanco de los ataques y a lo lejos la familia, esos fantasmas que deja al abandonar la escuela e irse a Canadá y hasta el vhs de Eraserhead es un personaje más, y todo mezclado en esa mecánica de añoranza que cada texto pone en ejecución.

Un elemento interesante en la primera parte del libro es el contraste entre el ambiente del hotel, medio trainspotting, repleto de adictos al crack y sus dealers, aprendices de padrotes y viejitos estoicos padeciendo un cáncer terminal, o sea todo tipo de sujetos degradados que le permiten al autor utilizar referencias a santos manieristas, mesías vapuleados, torturadores romanos y resucitados bíblicos, en una especie de amalgama entre el sufrimiento y martirio, que de manera mítica ha ficcionalizado la biblia con la propia fantasía que Ed se construye en su mente, al romantizar la atmósfera que lo envuelve.

Una visión del dolor tan romántica pero aun así amarga y cínica, como la que presenta Hambre de Knut Hamsun, un libro que junto a la escritura de Céline se mencionan en Hastings. Creo que esas alusiones no son casuales, sino que muestran esa tensión o lucha que uno tiene al querer expresar el dolor, y cargar con el lastre que en nuestra lengua dejó el modernismo y todo lo decimonónico, frente a estéticas y referentes que vendrán después de la postguerra, o sea lecturas menos afectadas y lejos de todo galicismo mental.

En fin, la educación sentimental que despliega el texto es peculiar, porque estas alusiones bíblicas y literatosas, podríamos decir más formales por ser extraídas de un libro «sagrado» o de los tomos doctos, pues se mixturan con otras alusiones un tanto más mundanas, como el doble de Dustin Hoffman, un mapache cara de Kubrick o la presencia soterrada de David Lynch y su paleta de colores.

Otro elemento de este libro, que al menos a mí me toca de cerca, es el odio que Ed tiene hacia Canadá, un odio parido que creo como chileno puedo identificar, me explico. Si a un chileno le preguntan fuera de su país, qué es lo bueno que tiene Chile, les aseguro que salvo se trate de un oligofrénico, 9 de 10 chilenos les dirán con una sonrisa de resignación, nada, yo diría que los bares de viejo están bien, esas tabernas llenas de sujetos degradados tomando vino a las 12 del día son lo mejor, sobre todo cuando tienen en la entrada esas puertas del viejo oeste y una rocola llena de cumbias, pues Ed parece tener la misma actitud hacia Canadá como imagen país, un lugar bello, de postal lleno de montañas y árboles y ciudades con edificios modernos bajo ese telón de fondo, sin embargo, esa actitud cambia cuando se trata del espacio ruinoso y distópico que comprende el Hotel Hastings, por tanto el sujeto encuentra en ese entorno heterotópico, en ese lugar de encierro, la libertad y su verdadera familia.

Hastings es una especie de oasis para escapar de la normalidad y el tedio ciudadano, una ruta escénica o punto de fuga que permite escamotear la esterilidad e higiene de un modelo de sociedad de primer mundo.

Ed abraza y se deja abrazar por los animales totémicos que encuentra en ese sitio. Algo que cualquiera con sentido común consideraría un infierno inmundo, pero no Ed, y cierro esta presentación, agregando, que pese a cualquier expectativa o instinto de supervivencia básico, Eddy logra además encontrar belleza en ciertos recovecos privados, pensamientos, delirios y ciertas manías que este lugar le provoca y que otros no entenderían, como por ejemplo perderse en la vía láctea formada por manchas de sangre que un yonqui dejó en el techo al inyectarse o sentirse contento con ser el piso 13 o la puerta al piso 13, en un edificio de 2 pisos, pues East Hastings, más que una zona roja

era una herida venérea

mal disimulada

en la mejilla de una joven modelo.

 

-Daniel Rojas Pachas

 

Foto: Greg Girard. Buildings on Railway Ave. 1975

http://www.greggirard.com/work/under-vancouver-1972-1982-(book)-21

 

 

 

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