Francisco Alatorre. Kintsukuroi

 

Oración

  

Danos la paz de tus gallinas

que revolotean con gripa en el corral.

 

Danos la fuerza del termómetro

y del verdugo bueno que te escucha.

 

Danos la sabiduría que se desborda como el humo espeso de tus fábricas

la sabiduría que resplandece

como el vacío en las canicas que relevan a los ojos de los tuertos.

 

Danos la claridad del hielo en el martini.

 

Danos la verdad de la música

y la obediencia de las frutas.

 

Danos el amor

de tus plantas carnívoras

ese amor lento

de las tortugas que desovan

y luego nadan en tu océano

con la cabeza atorada

en tus anillos de plástico.

 

 

Doña Jose

 

Quise escribir un poema acerca de mi abuela

y apenas llegue a un listado

de anécdotas casi tiernas

y casi memorables.

 

Ahora que pongo a calentar

un poco de agua en la olla

se me ocurre que si el agua hirviendo

tuviera conciencia de sí

seguro pensaría que arde

y se convierte en vapor

porque ella misma lo decide.

 

 

Sistema

 

Ser como tú    desapegado

como el jabón que se resbala

con la frescura de un pez entre el arroz.

Confiado    como los ciegos en el metro

o como el niño que se deja cargar por los extraños

para alcanzar el mingitorio.

Caminar torpes    o no    sin estructura

con la calma imprudente de los limpiavidrios

que en un andamio suspendido se olvidan del trapo

y comen pensando en cualquier cosa.

Así me gustaría dejarme ir

a veces    Pancho

como un cartílago que cede.

Con la cordura de las naranjas

que pierden su equilibrio debajo de la lluvia.

Dejarme ir sin hacer muecas

con la congruencia

de algo en proceso    sin colgar

o de algo roto que se deja ir

como ese hombre

que abandona tranquilo

la estrecha seguridad de sus certezas

y despeinado se pone a regar el jardín

a pesar de que intuye que todo esto se sostiene

por otras raíces

que no están.

 

 

LP

 

Como los sufíes

o la broca en la sien del matemático

el disco gira hacia su centro

para encontrar aquello que no puede explicar

el disco gira

hacia su propio ruido.

 

 

Kintsukuroi

 

A finales del siglo XV nació el Kintsukuroi

arte de reparar la cerámica rota

usando un barniz con polvo de oro que resalta las uniones.

 

Con el tiempo esta técnica adquirió tanto prestigio

que se acusaba a las personas de romper sus objetos a propósito.

 

Cuando leí sobre el Kinstukuroi pensé en ti

te vi en patines cayendo de espaldas y quebrándote el coxis.

 

Pensé en tus fobias

y en las prótesis dentales que tu madre manda hacer para sus clientes.

 

Pensé en el musgo y en las telarañas que se van formando

en la cercanía de los reactores nucleares

como frágiles y elásticos teoremas curvos

con la belleza terca

de tus orejitas quemadas.

 

  

La Alegría

 

de encontrar una marquesina cuando llueve

de un acuerdo prenupcial

del hula hula

 

la de la chica que arranca

  la cera para depilar a su mejor amiga

y también

la que no quisiera sentir el hombre santo

  cuando amarra a otro hombre a una silla

  y lo deja caer desde el piso 37.

 

La alegría de los globos

  rellenos de abejas

  que revientan en una fiesta de cumpleaños

 

la de morder una pera

la de salirte con la tuya

 

la de esos niños

  colgados de cabeza en el balcón

  orinando confeti.

 

 

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