Flor Bosco. Nini

 

Nini

Se han aventado seis tordos desde la barda a la tina

rompiendo el cristal del aire como piedras de río.

El pavorreal de taconcitos arrugados pasa el charco como quinceañera

levantando su crinolina para no atorarse en el alambre.

¿Qué sería de esta escena, a mitad del medio día, sin mis ojos testigos?

El perro duerme bajo su gruesa cobija de sol

redacta con las patas un mensaje en clave morse.

Y ¿Quién mira todo esto? Yo, que ni estudio ni trabajo

para poder contemplar la creación desde mi centro.

 

 

Es un buen escondite el dogma

Detrás del alambrado las bestias uniformadas

con la angustia replegada para poder sobrevivir.

Es un buen escondite el dogma,

los adormece con sonajas de niebla

mientras se pasean por su libertad de dos metros frente a nosotros:

Cebollas rotas

floreciendo a cada tirón.

De este lado,

hay un cierto renacer,

un notar interior que me dice:

-Soy también estas bestias ceñidas al fusil.

Me seduce la idea de que soy superior.

Sí, es un buen escondite el dogma.

 

 

Cuadro cubista

Mejillas asoleadas.

Hebras de lodo en las trenzas.

Garganta rota. Juego interrumpido.

Mustia venganza de ojos insensibles.

Serena aureola de mosquitos.

Briosos aletazos a la tolvanera.

Mapa de musgo inexplorado.

Carretera mordaz.

Un rin cascabel contra el bostezo.

 

 

Distancia

Esta mañana me confesó el canario

que cada día le pesa más cantar,

que los pajaritos grises le roban el alpiste

por entre los barrotes,

que no soporta los insultos del perico manco.

Nunca antes había hablado conmigo,

dice que tiene insomnio y unos pólipos en la garganta.

En eso nos parecemos, hace meses que no duermo

por un dolor en el cogote.

Más tarde pasé a ponerle su cobija,

aleteó indiferente y de un brinco me dio la espalda.

En eso también nos parecemos,

prefiere mantener la distancia.

 

 

Indigente

Como una escala de grises echa en la esquina su figura,

el aire le sacude los aromas.

Corre por la maleza de su pensamiento,

increpa a los rostros que dibuja,

habla con murciélagos que luego espanta.

El suspiro reparador que no llega.

¿Por qué se fue? ¿Por qué nunca regresó a esta farsa?

Quisiera aprender su deshilachado lenguaje,

saber qué soy para él y si sabe que para mí,

él es un mero hecho estético.

 

 

 

Flor Bosco (1970).  Artista visual, cuenta con más de 50 exposiciones entre individuales y colectivas. En el año 2000 funda el taller Mundo Quimérico, donde trabaja en la experimentación de técnicas para el desarrollo de su propuesta creativa. Desde 2010 ha escrito cuentos y poemas como soporte para su obra plástica. Ha publicado los libros de artista: “4 haikús, de la serie Desde el exilio” (2017) y “Tipos de moscas” (2018) con la editorial Navegante / Arte múltiple. Su obra aparece en el libro “Las avenidas del cielo”  (Aguascalientes/Guanajuato, 2018).

 

 

 

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